La Ciudad Que Se Negó A Morir
Este es el registro parcial de mis hallazgos. No garantizo coherencia. No garantizo cordura. Lo único que garantizo, es que esto es un OTS que aún no hemos documentado.
Hay ruinas que perecen en silencio, y hay otras que murmuran en el olvido. Pero, aquella ciudad no murmuraba, respiraba.
No recuerdo con claridad cómo llegué allí. Las coordenadas eran contradictorias, y el terreno, a pesar de estar cartografiado, no coincidía con mapa alguno. El aire sabía a óxido y polvo, como si los siglos se hubieran coagulado en las rocas.
No tenía nombre en los registros. No tenía caminos ni señales. Sólo un eco. Solo una sensación extraña, una canción olvidada.
Cuando crucé lo que parecían ser los restos de una antigua puerta monumental supe que algo me observaba. No con ojos, sino con la memoria, los dos enormes pilares se sentían como dos enormes guardias, custodiando con sus grandes escudos la entrada a la ciudad. El arco central estaba en el piso, con la marca de lo que parecía ser una enorme palma habiendo arrancado un enorme trozo.
Hoy la niebla cubrió el sol antes del medio día, cada vez estaba más perdido. Desde fuera parecía que el lugar no tenía más de una o dos hectáreas de extensión, pero podía jugar que llevaba al menos 2 meses caminando desde que pasé por los arcos, hasta que por fin llegué.
Una enorme ciudad imponente, que parecía sacada de los antiguos relatos legendarios, de aquellos tiempos cuando los dioses caminaban entre nosotros y vivían y reian, cantaban y lloraban.
Todo se había reducido a una ciudad sin habitantes, o eso era lo que creía en ese momento. A la entrada de la ciudad, ví una torre de vigilancia que parecía mantenerse en pie de forma más segura que el resto, así que decidí ponerme manos a la obra y explorar.
Caminando por las escaleras interminables de la torre, al fin llegue al punto más alto, dónde encontré una inscripción semi borrada, escrita en una lengua que sólo recordé mientras la leía:
"Nosotros no huimos. Nosotros no rogamos. Nosotros no moriremos."
Un escalofrío me recorrió al pronunciarlo en voz alta. Las piedras vibraron de forma tirmica. Sí, literalmente vibraron bajo mis pies, pude sentir que estaban vibrando de forma coordinada con mi corazón. Aún no lo entiendo.
Continué adentrándome en el núcleo de la ciudad. Los edificios tienen formas imposibles. Algunos parecen crecer hacia adentro. Otros tienen respiraderos por los que sale un vapor fétido, un olor que ni siquiera un ritual taumaturgico puede purificar
Intenté establecer contacto radial con la base. Silencio. La señal se distorsiona como si fuese absorbida, pero en lugar de silencio, cada que prendo la radio, escucho cosas. El lamento de un niño, la risa de un anciano, una mujer hablando en un lenguaje desconocido y un hombre gritando. Hay voces, tantas voces.
No sé si debería seguir escribiendo. Este cuaderno pesa más de lo que debería, palabras fuertes para alguien con el síndrome de gilgamesh.
Hoy tuve una visión al tocar una grieta en el zócalo de una cúpula. Ni yo mismo sé porque la toqué, me estaba llamando, no pude simplemente mantenerme alejado.
Sangre y canto.
Una plaza llena de figuras arrodilladas, ojos blancos, bocas abiertas. Un anciano recita nombres que no pertenecen al lenguaje humano. Detrás de él, una niña extiende la mano hacia una columna y desaparece, absorbida. No muere: se transforma.
La piedra palpita.
Los demás la imitan. Uno a uno. Sin dolor.
Solo fe.
Solo desesperación.
"No hay dioses que nos escuchen. Así que seremos los nuestros.”
La visión terminó con un sonido hueco, como si un antiguo corazón estuviese reanudando su marcha.
La ciudad está viva, pero no como un ser individual. Es un pacto cristalizado, un juramento fusionado con arquitectura de alguna civilización olvidada.
Hoy descendí por una escalera cubierta por líquenes bioluminiscentes, que se iban encendiendo mientras avanzaba, siento que me están guiando. No hay antorchas ni circuitos, solo una estructura que parece viva, puedo sentir su respiración.
En lo más profundo de la cámara, me encontré una pared que parecía ser de obsidiana pero liquida, y al tocarla tuve una visión brutalmente vivida.
Una multitud se congrega bajo un cielo desgarrado. El sol está ocultándose, y una figura encapuchada que parecía estar oscilando entre lo corpóreo y lo incorporo camina entre ellos con una vara compuesta por huesos y carne.
Las campanas de la ciudad suenan solas, ya no hay más gente ahí.
“Se nos ha dicho que moriremos por el capricho de un Dios. Los Dioses olvidan. Nosotros no.”
La figura encapuchaba levanta las manos y los habitantes marcan sus frentes con una mezcla de tierra y savia. Todos miran hacia el templo en ruinas y comienzan a cantar. No palabras, sino sonidos similares a los de instrumentos musicales. La ciudad responde, las piedras tiemblan y se abre una gran fisura en la tierra.
Observo cómo las personas empiezan a lanzarse hacia el abismo, mientras siguen cantando. La figura encapuchada simplemente empieza a desvanecerse.
Encontré una inscripción en un idioma desconocido que anoté apresuradamente en el diario, alguien del Edén me hizo el favor de traducirlo:
"Nos convertimos en muros. Nos volvimos almena. Aquello que debía destruirnos, encontró cimientos que no cedieron."
El suelo aquí late, literalmente. Al apoyar mi oído contra el suelo, he podido escuchar lo que parecía ser una respiracion subterránea. No mecánica, orgánica. Sentí una ráfaga de emociones ajenas: alegría, esperanza, soledad, miedo. Mucho, mucho miedo…
Encontré un mural ennegrecido por el paso de los siglos, algo no muy lógico en este sitio que parece estar conservado en medio del tiempo. Era la misteriosa figura encapuchada, pero se veía con una corona dorada, la pequeña vara que tenía en sus manos ahora era un gran cetro y parecía estar combatiendo contra algo… Algo más allá de mi comprensión, algo que no puedo recordar, el mero hecho de tratar de comprenderlo hace que me duela la cabeza, ¿Eso era la representación fidedigna de una deidad acaso?
No estoy solo.
Oigo pasos cuando no los doy, puedo escuchar personas gimiendo y llorando. El viento trae risas, a veces palabras en un idioma que no puedo comprender.
Hoy, escuché una voz que susurró en mi oído
— Erland Rasmus… Aún quedan nombres sin recordar.
¿Quién lo dijo? ¿Quién podría recordar mi nombre en una ciudad muerta?
No lo sé, pero trataré de ir al centro de la ciudad. Quiero saber porqué se negaron a morir, porque fueron en contra de los dioses.
He llegado
Atravesé corredores que susurraban en plegarias de piedra, camine por pasillos que se reordenaban según mis intenciones, es entonces que pronuncié un nombre que no recordaba haber sabido, y que quizá nunca volvería a recordar
Una puerta que no sabía que estaba allí, se abrió.
El corazón.
Una cúpula invertida en un abismo sin fondo, que parecía estar hecha por cientos… No, miles, miles de figuras humanas, cuerpos metafísicos cristalizados en espirales arquitectónicos imposibles entretejidos como nervios con una única voluntad.
Y en medio de esa cúpula invertida, ahí se encontraba la figura encapuchada.
Mientras me acercaba para ver más de cerca la cúpula, tuve una última visión.
Un ser celestial descendió de los cielos, un Dios menor al que antaño la ciudad rindió culto. Otrora su protector y benefactor, ahora se presentaba para consumirlo todo.
Su voz estaba compuesta por una miriada de idiomas olvidados hacia milenios, cada palabra que mencionaba partia montañas.
La ciudad no tembló.
Desde las murallas, las casas gritaron, y los palacios escupían fuego. La puerta de la ciudad fue destruida por un impacto, pero la mano del Dios fue rasgada por los pilares a su alrededor.
Desde el monumento viviente que ahora era el corazón de la ciudad, surgieron cientos de avatares, fragmentos de quienes se habían entregado ahora eran custodios con un propósito eterno grabado en sus almas.
El Dios menor extendió su juicio, pero la ciudad no murió, selló su núcleo con todos dentro. "Preferimos fundirnos a rendirnos" dijo una voz colectiva.
Y entonces el Dios murió.
Incluso los dioses mueren.
Pero la ciudad no.
Inscripción en el zócalo del monumento central, traducido con la ayuda del mismo edeniano:
Aquí no yacen los muertos. Aquí caminan los abandonados.
Aquí se alzaron los que decidieron no caer.
Somos muralla, somos pueblo. Somos el pacto. Somos la negación.
Tú que llegas, recuerda: lo eterno no es lo que vive. Es lo que resiste.
No pude llevarme nada. Lo que está en la ciudad, es de la ciudad. Ni siquiera los nombres he podido recordar.
Lo que está escrito es lo que se ha grabado en mis huesos, esa amalmagama infame de cuerpos metafísicos no deja escapar nada.
No todo lo que se niega a morir lo hace por miedo, a veces lo hace por amor.
A veces, una ciudad perdura eternamente. Y cantan con ladrillos y carne "si muero en este mundo, ¿Quién sabrá algo de mí?
Eines Reuigen Herzen
Ficción o realidad… para mi notar la diferencia entre ambos es una odisea sin final… a veces duermo despierta y despierto dormida, el paso del tiempo ha perdido su sentido hace ya tanto tiempo… no recuerdo cuando fue la última vez que pude sentir el calor de tus brazos. Me siento perdida, desorientada, mi vista se nubla mientras escribo esta carta, pero al fin y al cabo es lo menos que puedo hacer por ti… Sé que un simple “perdón” no arreglará que me fui sin avisar… pero espero entiendas mis motivos
Amé cada segundo a tu lado, disfruté con fervor cada noche que dormimos juntos, me deleité de amor cada que cocinabas algo para mi… amo tanto tu inocencia que simplemente no me atreví a tocar más allá de tus labios, aunque infinitas veces quise besarte e ir más allá. Eres el ser más perfecto que conocí, lleno de amor, rebosante de ternura, inmaculado en infantil inocencia, caballeroso y respetuoso, nunca dijiste algo que no debías, nunca juzgaste más allá de lo que podías.
Me hubiera encantado quedarme a tu lado y probar la dulzura de tus labios por última vez, pero en su lugar elegí huir, no lo hice porque te temo, no lo hice porque no te amo, no lo hice por lastimarte… Lo hice por todo lo contrario, porque te amo y no quiero lastimarte… hace meses que llegué a tu cabaña, curaste la herida, pero esas balas están llenas de heces y sangre con tal de que quien se salve de morir por la bala muera de una infección… Infección que me estuvo robando la vida lentamente y ahora me la quitará de golpe, me voy porque no quiero que llores por mí muerte, no quería decirte que estaba enferma y que no había nada que pudieras hacer, no quería robarte la felicidad… Incluso pensé en no irme más de una vez… ¿Sería tan malo que me quede? Solo soy un fantasma fuera de tu cabaña, y fuera de ella no soy capaz de sentir amor… sería agradable, sería más dulce… pero esos son pensamientos egoístas.
He sido un fantasma por tanto tiempo, era incapaz de pensar en algo que no fuera yo misma… Es justo por eso que decidí irme, no quería que tus manos inocentes sostuvieran mi cuerpo sin vida y derramaras lagrimas por un ser tan detestable como yo… Hice tantas cosas de las que me arrepiento, me arrepiento de todo menos de haberte conocido… Termino esta carta no sin antes darte gracias por ponerle sentido a mi descarriada vida.
¿Quien Es El Dealer?
El olor a flores e incienso llenaba el aire en la fina habitación, el lejano zumbido de los insectos y el cantar de las aves empezó a resonar a la distancia, lentamente una de las dos se levantó, ¿estaba en su cuarto… o en el de ella?
Se movió en busca de sentir el cuerpo de su acompañante, su piel suave, blanca, desnuda… ¿era ella u otra?
—Despertaste…
—Si, lo siento, pero tengo cosas que hacer.
—¿Tan temprano?
—No puedo quedarme todo el día contigo.
Ella se levantó dejando caer las sábanas al piso, su cuerpo musculoso y herido se movió recogiendo las prendas sueltas por la sala, un bóxer por allá, una camisa militar por aca y una vergüenza siempre presente.
—Me van a despedir…. Dios… necesitaba este ascenso…
Ni siquiera se detuvo a escuchar, estaba en automático, como un trabajador acostumbrado a su monótona rutina, en este caso sería como un ladrón que recoge sus huellas de la escena para mantener el secreto peor guardado de la nación.
Una vez lista, estuvo a punto de marcharse, giró la perilla, pero fue detenida al sentirlo, estaba allí tan temprano como siempre, la culpa ilusoria, se giró sólo para verla de reojo, a esa maldita silueta de su esposa sobrepuesta en la humana.
Recién amanecía y ya estaba empezando a sentirse miserable, porque hasta la tragedia es el prólogo de una épica.
El olor a tabaco y licor inundaba las paredes de madera reforzada de la recién construida barraca, una de muchas en una ciudad costera de la Sacra Concejalía de Velat, preparadas para el posible/imposible ataque de la Armada.
En estos lugares no era extraño ver a los soldados usando su tiempo libre en diferentes actividades: música, lectura, juegos, estudio, reflexión, rezos o en mundanas distracciones, pero lo que la hacía diferente era que esta barraca le pertenecía a ella.
—¡Dame otra!
Exclamó mientras golpeaba su taza en el pecho de la recluta a su costado, no fue tan fuerte para romperle el tórax, pero ante la neblina mental del alcohol, el golpe la movió un poco, lo suficiente para provocarle temor y le servio temblorosamente, aunque a ella no le importaba ensuciarse las manos, toda su atención estaba frente suya.
Su mazo de cartas era pésimo, dos 5 de gemas y un dragón, mala jugada y aun más teniendo en cuenta que había apostó su salario, en realidad no lo podía perder ellos no serían capaces de aceptarlo, pero los obligaba a aceptar la apuesta para darle más “emoción”.
—Hmmm… ¿Quién mierda es el dealer?
Pregunto Sornrose pasando su turno, La gran general de la Sacra Concejalía de Velat se estaba empezando a cansar de su mala suerte, una mala suerte que la siguió desde que despertó, la discutió con la matriarca y ese espiritista extranjero.
“Sornrose no puedes coger a la secretaria del señor Geist”, la voz de la matriarca resonó en su mente.
—Yo me cojo a quien quiera —Se respondió internamente mientras miraba su nueva carta, un 3 de roble, frunció el ceño, nada bueno
—¿Por qué? Me fue bien en la anterior partida, casi evitaba perder mi sueldo… por tercera vez —Se habló a sí misma mientras veía a sus soldados aumentar, pescar o revelar sus cartas.
Porque no tiene sentido emocionarse por una simple victoria o derrota.
Sornrose se llevó la mano a la cabeza, era muy temprano para iniciar con las voces, bebió todo el alcohol de su taza de golpe y volvió a golpear a la recluta, pero con menos cuidado, sus soldados se detuvieron y la miraron, ya estaba empezando a perder el control.
Ellos eran sus hombres, entrenados y adiestrados por ella misma, pero eso no evitaba que no se preocuparan por sus cambios de temperamento. No, ellos más que nadie debían preocuparse ya que sabían cómo ella se ponía cuando perdía el control.
—General… mejor dejamos el juego hasta aquí… —Dijo uno tomando la iniciativa.
—No, vamos a jugar hasta que uno de ustedes pierda.
Todos se miraron entre sí, siguiendo el protocolo empezaron a acomodar sus cartas, una vez quitadas o intercambiadas las mostraron, todos tenían malas manos.
—No tengo buenas cartas.
—Si tuviera un 8…
—Mierda, había apostado mi almuerzo.
Entre todos empezaron a quejarse ante su “derrota”, La gran general se detuvo unos instantes, los miró uno por uno frunciendo el ceño y entre quejas se levantó tirando sus cartas e insultado a sus hombres, le arrancho la botella a la recluta con tal fuerza que cayó al suelo y salió de la barraca.
—Idiotas… —Murmuro molesta.
Sornrose camino mientras seguía quejándose, no aceptaba que todos se paniquearan solo porque le dio un pequeño empujón a la recluta, no es como si hubiera perdido el control, sus arranques de ira eran… muy destructivos y peligrosos, aún más después del aumento de sus “voces” las cuales ya estaban empezando a torturarla.
¿No le había prometido a Franwyn que dejarías de apostar?
La botaste al suelo como si nada a pesar que hace un mes la besabas con pasión
¿No te habían mandado aquí como castigo?
Tras haber caminado por varios minutos ya con la botella vacía, había llegado hasta una pequeña colina con varios cubículos y bultos cubiertos en mantas, a lo lejos varias figuras de pajas en diferentes distancias algunas colocadas y otras en el suelo, era un campo de tiro uno que estaba siendo remodelado, camino unos cuantos pasos más antes de desplomarse sentándose en la tierra.
Se quedó allí con la brisa nocturna como su única compañía si no contamos con las voces, las malditas voces que la perseguían desde “la noche de la niebla”, cada voz cantaba un coro, un coro insultante de una cruel realidad, Sornrose se maldijo por no traer más botellas o por no haberse quedado en las barracas.
Sin alcohol y sin mujeres, Sornrose agarro la suelta botella y lanzó a tal fuerza que destrozó un blanco a 50 metros, pulverizando la botella en el impacto, se levantó y empezó caminar entre los inexistentes gemidos de sus amantes y esas malditas voces.
Caes fácilmente en esta noche nublada
Robando y dejándote robar
Sin esperar al acto final
La ira empezaba a burbujear desde su interior, sus ojos se empezaban a hinchar no de lágrimas si no de la presión al apretarlos con fuerza en un inútil intento de evitar las ilusiones, se movió cual fantasma errante por lo que alguna vez hubiese sido el nuevo campo de tiro a estrenarse el fin de semana.
Algunos cubículos de la zona empezaron a moverse, activándose los golems de construcción, los cuales se ensamblan a su estado compacto, no por Sornrose si no… por él.
Mientras uno por uno los golems se activaban, él lentamente se formaba de la tierra suelta, moviéndose con el viento hasta formar algo parecido a una silueta robusta, la cual; contemporánea a su formación, se movía entre las construcciones animadas.
Sornrose también lo sintió, pero estaba tan sumergida en su vorágine de culpa y pecado que cuando estuvo consciente para verlo solo pudo recibir un golpe directo en el rostro, seguido de otro y otro.
Los golems de construcción no estaban hechos para el combate, su figura cuadrada y robusta los hacían perfectos para la carga de materiales pesados, aplanamiento del terreno y construcción, no para pelear, pese a ello con su gran fuerza y defensa uno podía dudar de esto.
—¡¡Agh!!
Gimió la general ante la paliza, su blanca piel se empezó a teñir de rojo, ella era la mejor paladín de la nación tenía una resistencia que sobrepasaba lo elficamente posible pero no por ello significaba que era inmune a los golpes y mucho menos cuando ni siquiera estaba pensando en defenderse.
Se dejaba golpear, se dejaba sangrar solo para sentir el dolor, el bendito dolor que la alejaba de la voces y culpa, pero eso no era lo que él quería.
—¡¡Esto es el colmo Sornrose!! Te acostaste con la secretaria de un diplomático extranjero —Recrimino la matriarca.
La vista de Sornrose se nublo y mientras era golpeada recordó la discusión de la mañana, la discusión después del sexo con la linda humana que había encontrado en el edificio diplomático ocupado por la AGIAT.
—A veces pienso que tu cerebro está en otra parte más húmeda, general, una cosa es hacerlo con sus soldados y otra con alguien externo a la nación.
—No es para tanto, además… esa humana andaba por allí con esa mini falda, ¡que querías que hiciera matriarca! Estaba rogando que la cogie…
—¡¡Silencio!! —La matriarca la miró con fastidio y asco.
—Lamento pocas cosas en mi vida general, una de ellas es no haberte castigado desde el primer día que empezaste con este miserable comportamiento —Hizo una pausa — A veces agradezco que tu padre se sacrificara para no ver en lo que te convertiste….
En la realidad la mano manchada de sangre de uno de los golems fue detenida por la palma desnuda de Sornrose, su mente seguía atrapada en el reciente evento, pero su cuerpo no, seguía reaccionado anclado a la realidad física.
¿Qué diría tu padre si te ve ahora?
Orgullo de Velat reducido a una adicta carnal
Algo de esperarse teniendo en cuenta quien es tu madre
La general cerró su mano destrozando el grueso puño del golem, esa era la última chispa que ella necesitaba, acto seguido le dio un cabeza al golem su cráneo de piedra tallada se destrozó y fue el comienzo de la masacre autónoma.
Uno por uno los golems fueron destrozados por los puños desnudos de la general segada por la ira, la cual se alimentaba aún más con las voces que para este punto eran gritos estridentes de su vida.
Más de 100 golems habían sido enviados para preparar el terreno del nuevo campo de tiro, se tenía pensado terraformar todo el lugar, campos amplios para los novatos, extensiones a gran distancia para los experimentados, blancos entre árboles o curvaturas de pequeñas colinas.
Todo lo necesario para entrenar a los arqueros de esta base militar, financiada por milicia y clanes maestros de arquería de La Sacra Concejalía de Velat, que se iban a instalar en esa base, tanto dinero y recursos para ser destruidos en una sola noche.
Pero a él no le importaba el dinero, de todas formas, el solo recoge los frutos de lo cultivó hace ya más de mil años, un fruto nacido en el esclavismo de la armada en la tierras desoladas y rotas de una época olvidada por la historia mundial, pero no por ellos.
Mientras la masacre autónoma estaba en sus momentos finales, aquella silueta de tierra y algo más, se movió cual depredador hasta la gran carpa en el centro de todos los preparativos para la remodelación.
La tierra vibró y grandes bloques de piedra empezaron a moverse, desencajándose de su forma compacta, un Terreneitor modelo bulldozer, un golem colosal de 25 metros diseñado para la terraformación masiva de suelo, era cúbico con extremidades delgadas que conectaba a sus grandes antebrazos y piernas.
Se demoró 5 minutos en acoplarse y estar en modo operativo. Un gran centauro robusto que se movió al mismo tiempo que Sornrose, despedazaba al último golem. La general miró a la montaña autómata delante suya, era gigante teñido de rojo por la sangre en sus párpados.
El coloso levantó su gran antebrazo y con una fuerza descomunal golpeó a Sornrose, la cual recibió el golpe de llano y fue llevada a volar tan lejos que incluso perforó la cúpula de anti vigilancia puesta por aquel solitario espectador.
Todo y todos son meras piezas en este plano futuro, en nuestra ambición
Cual bestia desenfrenada Sornrose se abalanzó hacia su oponente, segada por la ira y las toxinas de su corazón, el autómata preparó su siguiente golpe, cargando directo hacia su pequeño oponente el cual, a diferencia del primer golpe, lo bloqueo.
Los dos puños chocaron creando una onda de choque que levantó polvo y demás en el campo de batalla, Sornrose gruño de dolor al sentir el impacto pasar por su cuerpo hasta sus pies donde se liberó fragmentando el suelo debajo de ella.
Con su otro puño la general golpeó el colosal puño del golem agrietandolo, el coloso retrocedió midiendo distancia y cargó nuevamente su gran puño hacia la general, la cual se cubrió hasta hundirse en el suelo roto.
No hay obstáculos hacia el camino, hacia nuestro verdadero deseo
El autómata golpeó sin piedad la pequeña bastarda, la cual soportó los colosales golpes cual saco de boxeo desmedido, durante las próximas horas, las toxinas de su interior regeneraban parcialmente sus heridas internas, lo suficiente para evitar su muerte, pero no para evitar el dolor de sus órganos desgarrándose y sus huesos partiéndose en dos.
La pequeña parte de la Helena Hydra en su interior, un remanente de la original, el tenue gas transmutador que despertaba cada vez que lo sentía, aquel no muerto que la convirtió en su más grande tesoro.
Dolor y regeneración, sufrimiento y fortalecimiento, ira y culpa, todo entrelazado con el único objetivo de llevar a su cuerpo al límite de los límites, al final no hay mejor maestro que el dolor y que mejor aquel ocasionado por uno mismo.
Cuando el alba llegó, los hombres de Sornrose encontraron un campo de batalla en lo que sería el nuevo campo de tiro, restos de golems, sangre, mucha sangre esparcida por todos lados y en el centro de todo la gran general de la Sacra Concejalía de Velat, con los nudillos abiertos golpeando el pecho de lo que alguna vez fue un golem tipo Terreneitor.
Este ciclo comienza de nuevo, el entre acto ha terminado
Ahora, hacía lo siguiente
La parte final de este cruel espectáculo
Porque al final… yo soy dealer
Humo Y Ceniza
Todavía huele a carne quemada.
No importa cuánto inhale por la boca, cuánto me tape la nariz con el trozo de manta que me quedó… el olor sigue ahí. Es como si el humo se hubiera metido dentro de mí. Como si se negara a irse hasta que yo también arda.
Me llamo Elian, o al menos así me llamaban. Tenía nueve años la última vez que alguien pronunció mi nombre. Fue mamá cuando gritó que corriera.
Corrí. Pero no lo suficiente.
Los mercenarios no eran soldados. No gritaban órdenes, no vestían uniformes. Reían. Reían cuando clavaban sus lanzas. Reían mientras prendían fuego a las casas. Reían cuando la gente suplicaba. Uno de ellos tenía la cara tatuada con huesos negros. Otro llevaba orejas humanas colgando del cinturón como trofeos. No eran soldados. Eran perros rabiosos con armadura.
Me escondí en el pozo seco. Desde allí vi cómo mi aldea se convertía en humo.
Ahora estoy solo.
Las paredes de mi casa son cenizas.
Mi hermana pequeña… ni siquiera encontré sus huesos.
Caminé entre los restos como un espectro, pisando brasas muertas, entre cuerpos calcinados. No lloré. No aún. Llorar es para cuando uno cree que todavía hay alguien que puede escuchar. Aquí no queda nadie.
Vi el escudo del abuelo, ennegrecido, roto en dos. Lo tomé. Lo envolví en un trapo y lo até a mi espalda. No por defensa. Por recuerdo.
A veces, entre las ruinas, creo oír sus voces. Tal vez quedaron atrapadas aquí, como humo sin forma. Tal vez me siguen. Tal vez esperan que yo haga algo.
Así que lo haré.
No sé usar una espada. No sé conjurar maná. Pero lo aprenderé.
Buscaré a los que lo hicieron.
Les preguntaré sus nombres.
Y uno por uno, los convertiré en cenizas.
Lo juro por el humo.
Lo juro por los huesos.
Lo juro por el silencio que dejaron atrás.
El Precio De La Libertad
REPORTE DE INVESTIGACIÓN
Fecha: 13/10/2022
Ubicación: Malí, África.
Investigador: Gulliver Alejandro, paleontólogo asociado.
Objeto de Investigación: (Qué es lo que se investiga)
Resumen: Se documenta un disco hierro de 30 centímetros de grosor que contiene una grabación de un niño cantando en un contexto bélico. Si bien, múltiples dudas surgen referente a cómo fue tallado de forma tan precisa y meticulosa para que un fonógrafo sea capaz de oír algo mínimamente coherente. Lo más sorprendente fue encontrarnos con el hecho de que independientemente de quien lo oiga, el mensaje se traduce.
Audio captado:
Transcripción:
Ayer hubo dolor clamando libertad,
soñamos con el día de encontrar la verdad.
La muerte de la gente es la muerte del mañana,
todo acabará el día en que no quede un alma.
Por eso, hermanitos, ocultémonos aquí,
que el eco de la guerra no nos arrastre de aquí.
Que no nos oiga nadie, silenciando matanzas,
que los dioses nos amparen en esta desesperanza.
Somos los que un día traeremos libertad,
libertad sin gota de sangre, libertad con la verdad.
Libertad con esperanza, libertad con el amor,
libertad que nace hondo, desde el corazón.
Que ningún reino controle,
ni se olvide el dolor
de todos los que sufrimos
por la ansiada libertad.
Conclusion: Creemos con mucha razón que esto es un registro histórico de quizá uno de los más antiguos productos de taumotecnología. El fin es claro, que el mensaje llegue a la posteridad.
Con el contexto de la canción, y en base a la locación donde fue encontrado el disco, identificamos que fue grabada en una caverna bajo tierra, posiblemente donde esta familia se habría protegido de una de tantas guerras. De fondo, se oye el ruido de la batalla, si la hipótesis que habla de que este producto proviene de la edad del cobre es cierta, quizá sea el periodo de choque racial cuando el conflicto por el territorio entre las especies catalogadas actualmente como "sapiens" se cruzaron por primera vez. En ese contexto, se comprende que los sonidos de fondo se tratan de las cruzadas entre razas por el territorio. Una de tantas cruzadas… Estos niños… ¿Qué pensarían de un mundo como en el que ahora vivimos? Sin tantas guerras, un tiempo de relativa paz…
Donde Ya No Queda Nadie
Mi nombre era L. Creo. A veces, en Vexburgh, los nombres se desvanecen igual que el humo en la lluvia.
Me mudé aquí hace tres años, buscando un nuevo comienzo. Nadie me lo dijo, pero uno lo siente apenas llega: esta ciudad no te recibe. Te observa. Te mide. Te digiere lentamente.
El silencio aquí no es común. No es simple falta de sonido. Es un ruido quieto, persistente. Un zumbido que se instala en el alma.
Al principio eran cosas pequeñas: conversaciones donde nadie me respondía, puertas que se cerraban justo antes de llegar, reflejos que tardaban más de lo normal en imitarme.
Después, desaparecí de mi propio contrato de arrendamiento. La administradora me dijo que “nadie” ocupaba este piso. Me lo dijo sin dudar, con una sonrisa hueca.
Llamé a AGIAT desde una cabina pública —la señal en casa se corta si intento contactarlos—. Dejó de llover apenas marqué. Eso nunca pasa en Vexburgh.
Nadie contestó. Solo una voz automática: “Su existencia no es reconocida dentro del perímetro 3.”
Vi por última vez mi sombra hace cinco noches. Fue débil, temblorosa. Como si también dudara de que aún estaba aquí.
Y luego apareció ella. Esa silueta. Esa cosa. Quietísima. A veces la veo reflejada en las ventanas de los tranvías que no se detienen. O en el reflejo de una taza vacía. Siempre observando. Siempre inmóvil.
Hoy hablé en voz alta por primera vez en semanas. Sonó como si la ciudad misma respirara conmigo.
Y entonces supe que me estaba absorbiendo. Que Vexburgh no me había olvidado: me estaba adoptando. Me está usando como piel nueva.
Dejo esto aquí. Un testimonio. Un rastro. Un error en la lógica anómala de esta urbe.
Si alguien en AGIAT lo encuentra, háganme un favor. No me devuelvan. No quiero volver. Solo denle un número a esto.
Aunque sea para que alguien recuerde que alguna vez fui.
Aunque sea para que esta soledad tenga nombre.
Dos Corazones En La Niebla
—¿Ésto se puede describir como normal para el tipo de cosas que se investigan aquí? —La investigadora junior Génesis Rodríguez veía con una ceja levantada el artículo OTS-039.
—Siempre puede ser más raro. —El joven investigador Nakahara veía con una muy ligera sonrisa las reacciones de su amiga y aprendiz
—Con razón ocultan éstas cosas al público
Ambos terminaron por dejar de ver la pantalla del ordenador y su atención era dedicada a los ojos del otro, hasta que fue el chico el que quitó la vista primero volviendo al ordenador mientras pasaba al siguiente artículo
—¿Qué, Reki? ¿apoco te dió vergüenza? —Mencionó burlonamente a su lindo acompañante
—Cállate, Génesis. —Su rostro difícilmente lograba teñirse en rubor por el frío extremo que su naturaleza le dió al nacer pero los momentos con ella eran la excepción y ambos lo sabían muy bien
—Reeeeki. —El tono de su voz era juguetón lo que hacía al investigador reaccionar con pena a lo que redirigía su mirada a otra parte con esa constante expresión de molestia
—¿Reki? —Dijo una voz diferente al otro lado de la puerta cerrada
—Si, adelante. —Dijo el joven investigador reincorporándose y aclarándose un poco la garganta.
Entonces entró el doctor Doppler con su eterna sonrisa, bastante inoportuno aunque ninguno lo mencionó. —Hola, Reki, buenos días… Buenos días para usted también investigadora ¿no interrumpo verdad?
—Buenos días doctor. —Dijo Génesis seria y algo molesta en su interior por la interrupción aunque trataba de ocultarlo, algo que hacía muy bien, talvez demasiado bien.
—¿Qué? no, no, no, solo estaba mostrándole algunos OTS a la nueva ¿en qué te ayudo, Louren?
—¿Todavía soy la nueva?
—Hasta los 6 meses, si. —Reki se puso de pie y caminó hacia Doppler el cuál los veía con una sonrisa pues le parecía lindo verlos juntos.
—Me gustaría hablarte de ésto en privado, Reki; si me disculpa, investigadora? —Se dirigió a la chica con la misma sonrisa, casi suplicando que dejara salir al niño a jugar.
—Si, claro, adelante. —Ella se puso de pie y caminó por enfrente de ellos con la intención de salir de la sala pero Doppler la interrumpió.
—En realidad necesito llevármelo… Durante algunas horas
—Ah, claro… Entonces nos vemos más tarde, Reki
El joven investigador se sorprendió al oír que serían 'horas'. —Si, Génesis, volveré más tarde
Fue una despedida incómoda para todos. Entonces tanto Doppler como Reki salieron de ahí y la investigadora se quedó leyendo el artículo OTS-040.
En la Base de Peligros Ígneos ubicada en el Ártico, el Capitán Lozano del Equipo de Manutención Pyro-09 se encontraba observando a través de una cámara de seguridad al llamado niño térmico estudiando con uno de sus dos maestros.
—Si señora, OTS-040 no ha causado ningún problema desde la última vez, afortunadamente tiene un carácter pasivo y obediente; sin embargo hemos observado que en remotas ocasiones deja de prestar atención a sus clases por lapsos de tiempo que varían entre 5 a 30 minutos que en los últimos días son un poco más constantes.
De un intercomunicador frente a él salió la escalofriante voz de Magnus Undécim. —¿Entonces? ¿cómo va a solucionar eso, capitán?
—Usted dígame, podríamos reprenderlo pero si causa una mala reacción de su parte podría poner en peligro al personal y a sí mismo
—No regañen al pequeño diosito, mi niño bonito no merece ese trato, descubran el motivo de sus distracciones, debe tener una razón así que solucionenlo con amor. —Sonaba muy maternal de su parte sin embargo fuera de su interés por él, no tenía ninguna relación real.
—Entendido, señora, le pediré a sus maestros que hablen con él con mucha delicadeza y veré si puedo tener una entrevista con el niño
—Sé lo empático que es capitán pero para entender las necesidades de criaturas concientes, preferiría que se encargue un ex miembro de Cereolla, es especialidad de ellos, te enviaré la información de uno dentro de la agencia
—Como deseé
—Si el niño quiere más jueguetes o cualquier cosa así se la dan pero si necesitan algo más complejo házmelo saber
—Entendido
—Y capitán
—¿Si señora?
—No lo pierdas de vista, el supervisor sigues siendo tú
—Si, señora
—Que buen chico. —Dijo con ternura a su obediencia; se escuchó su extraña risa de hiena y la llamada terminó.
Ambos investigadores se encontraban uno frente a otro en los asientos traceros de un helicóptero blindado con dirección a la base donde se encontraba:
—¿El niño térmico?
—Si, Reki, me llamaron porque parece distraído y decaído; hablé un poco con él y se siente solo, un niño de su edad no debería de pasar por eso, las pocas personas con las que puede interactuar le hablan como si fuera un perro policía y nunca ha recibido un abrazo… ¿Te imaginas eso?
—…
—Oh, es verdad, si que lo sabes… Y por eso mismo pensé en lo mucho que tú podrías ayudarlo
—¿Quieres que le dé un abrazo? ¿no crees que eso podría matarme? ¿o a él?
—No tienes que abrazarlo necesariamente… Solo sé su amigo… Aunque si, bien podríamos averiguar si sería posible el contacto físico directo
—No me vas a usar de conejillo de indias, Louren. —Se molestó y con mucha razón.
—Hazlo por el niño.
—Ni por el niño ni por nadie; mira, voy a tratar de hacerme amigo de él pero no pienses que voy a estar libre todo el tiempo para ir a jugar a su celda cuando quiera
—Está bien, está bien… Muchas gracias, Reki, un gracias muy sincero; si el magnorum lo aprueba podrían incluso darte días libres
El joven se quedó en silencio por uno momentos, luego giró su vista hacia afuera de la ventana, al paisaje nevado. —No quiero días libres
Doppler lo miró durante unos momentos. —Es por la investigadora ¿no? ¿quieres pasar más tiempo en la oficina solo para verla?
El investigador se volvió a él rápidamente con unos ojos que mezclaban sorpresa, molestia y la misma vergüenza de antes
—No me mires con eso ojos, solo digo, tu la trajiste prácticamente, pasan mucho tiempo juntos, tienen casi la misma edad, al menos yo siento la tensión
—No sé de qué me hablas. —Y volvió su mirada al paisaje de afuera.
—Como tú digas
Los dos estaban bastante abrigados; Doppler con gorro y parche afelpado, Reki con orejeras de invierno, ambos con guantes y otras cosas; el primero frotaba sus manos y frotaba sus rodillas; frente a él con los brazos cruzados lo veía Reki, pensando en como nadie agradece cada día de su vida que no tienen la misma condición que él, siempre abrigado, el omnipresente frío debajo de su piel, debajo de la nieve o debajo del sol; la ausencia de la calidez que una sola persona pudo devolverle en medio de su invierno emocional en un paisaje muy similar al que admiraba a través de la ventana.
—Investigadora Rodríguez, parece triste ¿no se está adaptando bien al lugar? es normal al principio, la agencia es todo un mundo nuevo puesto de cabeza. —Dijo la mujer mientras entraba a la amplia oficina con una carpeta delgada en su mano.
—¿Qué? No, no es eso… Agradezco su preocupación ¿doctora…?
—Agente, agente Amy Jamaica; hemos estado trabajando en el mismo equipo desde que llegaste ¿en serio no sabías mi nombre? —Azotó levemente la carpeta sobre un escritorio a tres metros de distancia de Génesis y siguió caminando hasta un dispensador de agua de dónde tomó un cono de papel para beber.
—Oh discúlpeme, agente Jamaica. —Trató de no reír por el extraño apellido, pensó que probablemente era un nombre en clave. —Entonces ¿Jamaica es un apodo de agente?
—No, es mi apellido real
—Oh…
Hubo en la habitación un silencio entre ambas de casi 15 segundos, el único sonido era el Amy sorbiendo agua caliente hasta que Génesis impulsada por su deseo de socializar volvió a hablar.
—Y agente Jamaica ¿no debería estar con su Fuerza Especial Móvil o algo así?
—Suelo cambiar de FEM constantemente… Por ahora me tienen de un equipo a otro con trabajos de espionaje y recolección de datos
—Ya veo je, je. Yo aún estoy en mi etapa de entrenamiento, el investigador Nakahara es mi guía por el momento y me parece que después me designarán a algún departamento específico
—Nakahara, el chico que siempre está abrigado ¿no? se llevan muy bien ¿verdad?
—Quiero pensar que si
—¿No estás segura? yo los veo muy unidos. —Se volvió a servir agua caliente en su cono.
—¿En serio? Supongo que lo somos un poco, somos roomies
—Entonces deben conocerse muy bien
—Creo que si
—Nunca suenas segura ¿te cae mal?
—Ay no, no me cae mal, lo aprecio mucho
—Yo también tengo un amigo muy preciado, se llama Kendrick, es un amor pero siempre se estresa mucho pues trabaja eliminando personas
—Cielos…
—Si, los manda al cielo… O al infierno, no sé, creo que depende; como sea, yo trato de apoyarlo en sus momentos de debilidad porque él me apoya en los míos, eso es lo más importante en cualquier relación, si tienes dudas de tu relación con el investigador Nakahara asegúrate de ese punto primero ¿el te apoya? ¿tu lo apoyas?
—No estoy segura… El si ha hecho mucho por mí, pero yo no hago nada por él… Eso me hace sentir un poco culpable
—Bueno pero si son roomies, lo que ambos ganan lo usan para la casa ¿no? —Gestionaba mucho con su mano mientras hablaba, moviendo ese cono y casi derramando el agua que finalmente bebió.
—Pues para empezar la casa es de él, siempre se encarga de casi todo y hasta éste trabajo que tengo fue porque me lo consiguió
—Bueno pero debe haber algo que puedas hacer por él, no sé, comprale un regalo, un pastel o algo así, que el vea que lo aprecias y que quieres recompensarlo
Génesis la escuchó atentamente, no estaba segura si era eso realmente lo que necesitaba pero tampoco iba a menospreciar su consejo. —Si… Gracias agente
—Un placer. —Bebió más agua caliente. —Pero si te gusta entonces deberías decírselo, talvez él sienta lo mismo
—¿Gustarme? No, no tenemos esa clase de relación, no, para nada. —Era muy buena ocultando sus pensamientos y los reflejos de éstos en su persona, cosa que solo la llevaba a un callejón sin salida
Gracias por venir, OTS-040 está en su cuarto de juegos. —Dijo el Taumaturgo Abel Knigth, uno de los maestros del niño que abrió la puerta al Doctor Doppler y al investigador Nakahara para que entraran al área de contención donde también estaba el capitán Lozano.
—Muchas gracias, con su permiso. —Le contestó Doppler que llegó hasta donde estaba el capitán junto Reki que lo seguía. —Investigador, ellos son los encargados del cuidado del niño
Los dos hombres se presentaron pero a Reki no podía importarle menos. —Buenas tardes… Entonces ¿ya puedo ir a verlo?
—Por supuesto, adelante investigar. —Le respondió el capitán el cual se quedó charlando con Doppler y el Taumaturgo. Doppler ya les había pedido que dejaran al investigador solo con el niño pues confiaba en que todo saldría bien y muy a fuerzas aceptaron su solicitud horas antes de traer a Reki hasta la base.
El joven caminó por el área de contención, era en pocas palabras una habitación simple donde se alojaba el niño, luego continuó hasta llegar al cuarto de juegos donde OTS-040 se encontraba, jugaba con un figuras de plástico en forma de animales, en su mayoría animales marinos, de granja y aves.
—Hola amiguito…
El niño lo volteó a ver, sus ojos amarillos veían a través del investigador como si verlo ahí no fuera de su agrado. Respondió por pura educación. —Hola
—¿A qué estás jugando?
—Nada
—Pues se ve muy divertido, me llamo Reki
El niño no respondió
—¿Puedo jugar contigo? —Preguntó el investigador caminando un poco más hacia él
—¿Cómo harás eso? —El niño no parecía entender el concepto de jugar con alguien más.
—Fácil, tu puedes usar el camello y yo el cisne ¿te gusta?
—No quiero, yo soy el cocodrilo y tú el pingüino
—¿El pingüino? ¿en serio?… Pues como quieras
—Hola pingüino, me llamo cocodrilito
—Hola cocodrilito. —No sabía que más decirle.
—Ahora dime un dato interesante sobre los pingüinos
—No soy zoólogo
—¿No sabes? ¿qué clase de adulto eres? mira, los pingüinos viven en el hemisferio sur, son aves acuáticas no voladoras, pueden llegar a nadar hasta a cincuenta kilómetros por hora, solo tienen una pareja de por vida con la que se reproducen hasta que mueren, se alimentan de krill, calamares, peces pequeños
—Ya, ya párale, suenas como una IA… Veamos un dato de los pingüinos que no conozcas… Sus plumas los protegen del frío ¿sabías eso?
—Si
—Eres un mocoso muy listo ¿no?
—Estudio mucho
—Pero me han dicho que últimamente no prestas atención a clases, el doctor que te entrevistó dijo que necesitabas un amigo y que casualidad que yo tampoco tengo muchos amigos… ¿quieres ser mi amigo?
El niño lo miró durante unos largos momentos hasta que apartó su mirada de vuelta a sus juguetes. —No, no quiero, no sabes nada de animales
—¡Que maleducado! es porque no me especializo en animales pero si sé algunas cosas de… De otras cosas
—Entonces dime un dato de otra cosa que sepas
—Mmm… La estrella más cercana a la Tierra después del Sol es Próxima Centauri, está a poco más de cuatro años luz de distancia
—¿Eso es poca distancia?
—Comparado a otras distancias entre estrellas, si lo es
—Nunca he visto las estrellas, no me dejan salir de noche, me dijeron que se ven como puntos blancos en el cielo oscuro
—Son más que eso, son muy hermosas
—Quiero verlas
—En éste momento todavía hay luz de día pero si quieres podemos ir afuera… El sol sigue siendo una estrella y probablemente lo siga siendo durante mucho tiempo
—¿Cuánto tiempo?
—Depende
—¿De qué?
—De si quieres esperar a que se convierta en una gigante roja, una enana blanca o… ¡oye! ¿quieres ir afuera o no?
El niño asintió un par de veces y se levantó dejando los juguetes en el suelo; entonces ambos llegaron hasta donde estaban los otros
—¿Nos darían permiso de salir a caminar un poco?
El capitán, el Taumaturgo y Doppler intercambiaron miradas, luego palabras y puntos de vista, ni al niño ni a Reki les importaba que decían, lo único que les importa era si su respuesta sería un 'si' o un 'no'
—Claro, está bien, pero estaré observando junto a mi equipo por si… Necesitan algo. —Dijo el capitán
—Muchas gracias… Dí gracias tu también
El niño asintió. —Gracias
Y ambos salieron. El frío los recibió aunque ninguno de los dos lo percibió, el niño siempre tiene una temperatura estable y Reki siempre tiene frío. El paisaje blanco era hermoso, la nieve en el suelo, el viento constante, inmutable para ambos; al menos ellos podían disfrutar de un ambiente tan hostil como ese.
—Hoy no hay ventisca. —Mencionó el niño caminando por enfrente del joven, sus pisadas en la nieve eran lentas, era algo complicado para sus pies de 10 años.
—¿Suele haberla?
—Siempre
—¿Sales seguido?
—Cada mes
—¿Éste mes ya habías salido?
—Si
—Que bueno que nos dieran permiso
—¿Porqué estoy en el polo norte?
—Eh… Porque aquí es más fácil mantener bajo control tus habilidades
—No me refiero a eso
—¿Cómo? entonces a qué te refieres?
—¿Porqué en el polo norte y no en el sur? en el sur hay pingüinos
—Je, je, je… Talvez porque acá si hay camino en tierra hasta el resto de la sociedad o porque es menos letal para los investigadores
—Ah si
—¿Quieres jugar a algo?
—Los juguetes están adentro
—Yo veo juguetes aquí. —Reki se agachó y empezó a comprimir nieve, solo un poco para que no doliera tanto.
—¿Dónde? —El niño recibió su respuesta en forma de una bola de nieve que se estrelló contra su pecho.
A varios metros de distancia el capitán Lozano veía al niño y al investigador arrojándose bolas de nieve, riendo y corriendo torpemente como si sus vidas dependieran de ello. —¿Está seguro de que ésto va a funcionar Doppler?
—¡¿Cómo puede hacer tanto frío?!… Si si, usted no se preocupe capitán, ésto es lo que el niño necesitaba
—Si presta menos atención a sus clases por estar pensando en salir a jugar lo voy a culpar a usted
—Ya entendí, ya le dije que ésto es
—Lo que el niño necesita, ya te escuché… Pero yo soy el que debe darle resultados al Magnus Undécim
—No se estrese… ¿Quiere lanzar bolas de nieve?
—No, gracias
El niño reía como nunca, se tropezaba y se volvía a levantar; arrojaba las esferas como proyectiles que golpeaban al investigador y éste se los devolvía hasta que luego de casi media hora Reki se quedó en el piso completamente agotado, su cuerpo creaba muy poco calor que casi al instante desaparecía y no sudaba.
—Oye ya, ya, ya porfavor… Estoy cansado, ganaste ésta vez. —La respiración del joven era agitada pero no salía vapor de su boca.
—¿Gané? ¿qué me gané?
—Es un decir
El niño se sentó junto al investigador y lo miraba de la misma manera que miraba un tubo metálico a alta temperatura. —Gracias por jugar conmigo Reki
—No agradezcas… Fue divertido… Oye, niño
—Mande, Reki
—¿Cómo te llamas?
—OTS-040
—No, no, tu nombre real
—No tengo un nombre real, soy OTS-040
—¿No quieres un nombre?
—¿Cómo cuál?
—No lo sé, tu elige uno… ¿Sabes nombres no?
—Si, conozco nombres
—¿Cual te gusta?
—Mmmm… Miguel
—Un gusto entonces, Miguel
Instintivamente Reki le ofreció la mano pero rápidamente la quitó recordando que no podía hacerlo; ambos se vieron durante unos momentos pues aunque sabían exactamente lo que podía pasar a Reki no le importó y se arriesgó; acercó su dedo índice; el niño con temor hizo lo mismo lentamente hasta que las puntas de los dedos de ambos se tocaron y para sorpresa de ambos, no pasó nada; ambos veían sus dedos juntos y luego pasó a un saludo de manos, moviéndose de arriba a abajo, era un saludo realmente largo
—¡No te maté!
—Ja, ja, ja, ja. ¡Así es, ni yo a tí! ¿estás viendo?
—¡Si, si!… ¿Estás bien?
—Si, yo estoy bien… ¿Tu estás bien?
—Estoy bien…
—Estás tibio
A la distancia el capitán y Doppler veían al joven investigador caminando de vuelta a ellos cargando en brazos al niño
—¿Ve eso capitán? se lo dije
—¡¿Cómo está haciendo eso?!
—Ya le hablé de las características del investigador Nakahara
—¡Pero eso no debería de pasar!
—¿Te divertiste? —Le preguntó Doppler al niño una vez llegaron hasta ellos
—Si, me divertí. —Respondió él bastante contento.
—Investigadora Rodríguez ¿dónde está su guía el investigador Nakahara? —Le preguntó la doctora Ximena a la joven, la cuál junto a otros investigadores junior se encontraban en la Base #81 de la cual dicha doctora era directora.
—Tuvo que salir urgentemente con el doctor Doppler
—Se supone que debía estar aquí… Como sea, yo los voy a guiar, acompáñenme porfavor
El pequeño grupo pasó por algunos pasillos, parecía una base normal hasta que llegaron al área de contención parcial del OTS-081, era semejante a un laboratorio pero al avanzar se encontraron con un vidrio unidireccional que daba a una sala de cine no muy grande.
—Dejen sus archivos un segundo y presten atención, supongo que no es su primera vez viendo a uno de nuestros OTS en vivo pero los nuevos siempre se sorprenden con éste, les suplico que no se asusten y observen hasta el final
En la sala se veían varias parejas sentadas, estaban viendo la película de
No hagan apuntes, no hagan preguntas, solo observen. —La doctora parecía muy tranquila aún cuando luego de unos momentos, múltiples tentáculos verdes semi transparentes salían del suelo dentro de la sala de cine y envolvían a las parejas.
El público estaba horrorizado ante la escena, algunos querían gritar, otros salir corriendo; la mayoría no tenía idea de que estaba pasando, pensaban que talvez esa cosa los devoraría, los mutilaría cruelmente o talvez los desnudaría; todos pensaban cosas diferentes pero similares, el evento duró algunos minutos, durante esos minutos trataban de pensar en qué le habrían de preguntar a la doctora. Una vez el evento acabó la doctora Ximena rompió el silencio.
—¿Comentarios?
—¿Qué fue lo que les hizo? —Preguntó alguien del público.
—En palabras cortas se alimentó. Tienen un extracto del artículo en sus carpetas, léanlo en silencio y luego pueden volver a preguntar; si ya lo han leído entonces… Adelante
—¿Qué es exactamente? —Preguntó alguien que solo dió un repaso leve con la mirada al artículo.
—Para éste punto ya debieron haber oído que los dioses existen, hay seres indescriptibles, formas de vida superiores y entidades lovecraftianas, llamadas de ese modo en honor al taumaturgo e historiador del siglo pasado, H.P. Lovecraft… El OTS-081 reúne algunas de éstas descripciones; es probablemente alguna clase de deidad o extensión de una deidad como un avatar relacionado con conceptos concretos, en éste caso específico como ya pueden deducir, es el romance u otras manifestaciones del amor no sexual… Desconocemos los verdaderos orígenes de la entidad, su naturaleza, apariencia completa y muchas más cosas pero para eso están aquí, su trabajo como miembros investigadores de la agencia consiste en estudiar a todas éstas criaturas y objetos que controlamos, nuestro deber es descubrir cada secreto que guarden y aprender de ellos
Un Investigador junior levantó su mano a la altura del cuello y empezó a hablar antes de recibir el permiso de hacerlo. —Tuve la oportunidad de leer el artículo 081 con mi guía, me explicó un poco de la entidad pero verla en vivo es una cosa completamente diferente
—Si, así es, nuestro trabajo rara vez nos obligará a interactuar directamente con éstas cosas, para eso tenemos a los grupos operativos móviles pero es verdad que es inevitable tener que estar cerca de ellos y por eso deben conocerlos lo mejor posible, así saber cómo reaccionar si llegasen a tener un encuentro no deseado con algo como lo que acabamos de ver
—Tengo una pregunta, doctora. —Mencionó Génesis levantando su mano.
—Adelante. —Le contestó.
—¿OTS-081 se alimenta exclusivamente de amor romántico?
—Así es, hasta el momento no parece tener interés por nada más que eso
—Y solo puede encontrarlo en sujetos concientes con cierto raciocinio y entendimiento del romance… Quiero decir, no tiene interés en por ejemplo una pareja de aves haciendo su danza de apareamiento ¿cierto?
—Es correcto, en cierto experimento que no viene en las hojas que les dí, descubrimos como OTS-081 no se alimenta de las hormonas ni proteínas que crea el cerebro en el estado de enamoramiento sino de algo más; talvez del evento en si, la percepción de romance de los sujetos o los sentimientos que generan
—Entonces solo puede encontrar la energía que necesita en nosotros u otros seres similares… ¿No sería en cierto modo un devorador de mundos?
—Yo lo llamaría un parásito
Las palabras de la doctora se quedaron en la mente de Génesis durante el resto del recorrido; vieron un poco sobre el OTS-009, OTS-023 y OTS-064; todos estuvieron muy atentos, se asustaron, sorprendieron, confundieron, entristecieron y rieron pero ningún otro objeto causó en Génesis tanto impacto como ese parásito de amor.
Reki volvió a la oficina pero Génesis ya no estaba ahí, era bastante tarde, ella debió haber ido a casa hace al menos dos horas; en el camino recordó que tenía que acompañarla al recorrido de los investigadores junior pero lo había olvidado, y un camino de varias horas hasta el polo norte y de vuelta no le hubiera dado el tiempo de ir de cualquier modo. Reki checó su salida y salió de la instalación; la noche era igual de fría que el día, al menos hoy pudo tocar a alguien sin matarlo, fue divertido hacerse amigo de un niño.
—Génesis, ¿llegaste con bien? hay spaghetti y pollo en el refrigerador, come y acuéstate temprano, ya voy de camino hacia allá. —Dejó un audio en su chat con ella mientras manejaba por la carretera hacia su casa, dónde también su amiga vivía.
Las nubes eran delgadas y dibujaban trazos incompletos en el cielo azul oscuro; no había viento ni tráfico, no había conversaciones ni intercambio de miradas, la noche era solitaria, la luna acosaba como perseguidor nocturno, los baches precavían accidentes pero eran molestos y retrasaban el viaje; el aromatizante hacia demasiado bien su trabajo, los faros del auto abarcaban cientos de millas hacia adelante; talvez algún conejo imprudente que salga de la hierva agradecerá algún día el ser advertido de los neumáticos. Reki era una silueta bajo una luz a las afueras de la ciudad. Reki era un témpano de hielo. Reki era el punto Nemo. Reki era la conclusión de King Kong. Reki era una suerte de patriarca. Reki era la montura de un caballo. Reki era una copa de incienso. Reki era el desvelo de una madre. Reki era un satélite.
Génesis llegó cansada a casa de Reki, aveces su casa, aveces una punzada de culpa que no la dejaba dormir. Sentía algo de miedo por compartir el mundo con cosas tan extrañas como las que vió hoy en vivo pero no le quitaban el sueño. Cerró con seguro la puerta sabiendo que su amigo tenía llave, se dejó caer en el sofá, encendió la televisión buscando mensajes subliminales hasta que se quedó dormida durante 40 minutos hasta que Reki entró.
—Tardaste, Reki
—Fuí al polo norte. —Cerró la puerta detrás de él y se acercó hasta su acompañante.
—¿Te sentiste en casa? —Se levantó un poco, sentándose derecha y bajando los pies al suelo.
—No jodas
—¿Fue acogedor?
—Un poco, sorprendentemente
—Imagino la razón
—¿Cómo te fue a ti?
—Se sintió revelador, casi… Personal
—¿Ya te estás sintiendo parte de la agencia?
—Algo como eso
Reki caminó hacia el interior de la casa. —¿Quieres comer algo?
Tardó en responder pero la respuesta no podía ser otra más que: —Si, claro, gracias. —Siempre gracias, nunca de nada, le frustraba, le molestaba pero no era por él, era por ella
Reki encendió la radio y encendió la estufa, era una canción en francés y preparó macarrones con queso y calentó pollo. Génesis se acercó a la cocina y se sentó a la mesa con su mano en la barbilla y los ojos en su contrario
—Te quiero, Reki. —Dijo sin más, no solía decir cosas así, sus palabras eran para recordarselas a si misma, eran para tenerlo en mente aunque también se sentía bien decírselo
Reki la volteó a ver, sus ojos no lo creían pero sus mejillas si por lo que tratando de esconderlo volvió su mirada a la comida. —¡Ya cállate, Génesis! —Ella río un poco, la voz del joven no era de molestia, ambos sabían eso.
—Que adorable, le da vergüenza ¿qué pasa? no me digas que te enamoraste de mí
—¡Cállate! y come mejor. —Dejó sobre la mesa dos platos de comida, se sentó frente a ella y empezó a comer en silencio con el ceño fruncido
Ella lo miraba, deseaba poder decirle algo más, el fin de semana le daría para los viles del hogar aunque el no quisiera aceptarlo. Miró su comida, lo miró a él y empezó a comer, la música llenaba los huecos que el silencio de ambos dejaba. Deseaba dejar de comer y cocinarle algo, deseaba comprar su propia casa y pagarle todo lo que él había hecho. Aunque lo negara sabía que Reki la quería y aunque ella también lo quería, no deseaba aprovecharse de eso para ser su parásito de amor.
Reki se concentraba en su comida, su rostro helado se calentaba en ocasiones pero no lo suficiente como para sudar o mostrar rubor durante mucho tiempo. Reki quería levantar la mirada para verla pero no podía, quería ver sus ojos, decirle que también la quería y charlar durante horas pero tenía un nudo en la garganta, uno que el mismo se ató por el miedo de encadenarla a él. Reki sabía que jamás podría tener algo más con ella, su toque frío hasta la muerte lo tenía condenado a la soledad.
Ambos comían macarrones y pollo recalentado, aún había pollo congelado en el refrigerador, con suerte les duraría una semana más sin caducarse. ¿Qué beneficio trae el silencio? ninguno más que la falsa felicidad que creen que obtendrá el otro.
Génesis no quería aceptar ya nada más de él por el sentimiento de ser una carga y eso la alejaba; Reki quería cuidar de ella pero no podía aceptarse estar cerca suyo. En ocasiones las personas a las que amamos nos quieren tanto que hacen por nosotros lo que no queremos, aveces amamos tanto a alguien que hacemos lo que es mejor para esa persona y no para nosotros. A la misma mesa nos juzgamos a nosotros mismos de egoístas, de no ser dignos, de ser malos para quienes tanto amamos sin saber que a esa persona no le importaría morir si es con nosotros. Qué tanto no hubieran dado para poder ser felices con el otro, para abrir sus corazones y exponerse, para compartir cada batalla, cada peso, cada cruz, cada miedo; para levantarse de esa mesa y bailar juntos toda la noche.
Reki y Génesis, cada uno en su mente propia, en sus ganas, sueños y deseos , esa noche bailaron juntos al ritmo de una balada francesa.
Cómo él.
Hijo mío.
Si lees esta carta es porque ya no estoy contigo. Y lamentablemente, jamás tuve el valor de revelarte el secreto que más arrepentimiento me causó guardarte.
Sabes, sé que conforme creciste viste en mí un resentimiento a tu padre. Y que, en ocasiones, inconscientemente dirigí hacia tí.
Es que te pareces tanto a él. No solo en el físico. Y no lo digo como algo malo. Tienes sus mismos ojos con convicción. tienes su mismo carácter firme pero noble.
Sabes, fue mi culpa que crecieras sin un padre. Alguna vez me dijiste que lo extrañabas aún sin haberlo conocido. Fue el momento en que me arrepentí de todo. Pero el daño estaba hecho. Era demasiado tarde.
El fantasma de esa presencia que debía estar, pero sólo había un hueco, una incógnita que se te acosó en tus años más vulnerables es mi culpa, no de él. Y a pesar de eso, creciste en un hombre del cual me siento completamente orgulloso.
Tu padre no tiene la culpa. Fue mi error. Era joven, tuve miedo por mí. Tuve miedo por tí. Y cuando quise volver a como era antes, ya era imposible. El daño estaba hecho. Cuando me preguntaste si te parecías tu padre con tristeza por ver mi resentimiento, entendí el error que cometí.
No me arrepiento de nada de lo que hice para sacarte a adelante. Sólo me arrepiento de lo que pudo haber sido si no hubiese sido tan estúpida.
No le tengas resentimiento a tu padre. Yo soy quien la cagó. Yo soy quien mandó a la chingada lo que teníamos. Es un buen hombre. Al igual que tú.
Él estuvo ahí. Al menos los primero años. Pero por un error mío, no lo recuerdas. Ese vacío que viviste es mi culpa.
Él quiso quedarse. Él quiso estar para tí. No permitas que mis errores definan tu presente y tu futuro. Supéralos. Sé que puedes.
La directora Dorothea Adelaida Castelo terminó de leer esta carta que una madre le hizo llegar a su hijo tras su muerte, quien junto con la carta recibió fotos que él creía imposibles de hasta sus cinco años, información de trabajo de un tal Agente Patrick Black de AGIAT e informes de análisis y de ejecución de un procedimiento hecho por dicha organización.
El hombre frente a ella al otro lado de la mesa, Ricardo Black, había sido sometido a una extirpación de recuerdos a los cinco años debido a un incidente con el padre que puso en peligro a su familia por un desastroso evento relacionado a una misión de AGIAT. La madre, quien era bastante joven y primeriza, no quiso saber nada más del que entonces fuese su marido, y exigió que como parte del divorcio, los recuerdos en el hijo fueran removidos, para evitar cualquier riesgo derivado de conocer al padre.
—Entonces, ¿buscas que te restauremos la memoria? Eso no es imposible, estás en tu derecho ahora que eres un adulto. El problema es encontrarla. En aquél entonces la taumaturgia necesaria para ello no era tan refinada. Los recuerdos siguen en tu cabeza. No era realmente sacarlos de tu cabeza, sino darles un aislamiento total, incluso a nivel táumico. Por eso manejamos el término extirpación y no extracción. Se remueve de las conexiones. Pero no era nada elegante y las piezas terminan regadas por ahí. También podrías necesitar terapia especializada, que podemos preparar en todo caso.
Ricardo Black, tras un silencio contemplativo, responde.
—No tiene caso. Sólo… Solo quisiera saber de él. Sólo quiero conocerlo.
Castelo lo observó fijamente a los ojos mientras Rosas respondía. Después habló, continuando la conversación.
—Entiendo. Y entiendo lo que es no conocer a tus padres. No de la misma forma, pero conozco muy bien el no estar seguro de tu identidad.
No puedo hacer promesas. Ni siquiera sé si aún trabaja en nuestra base, o con AGIAT en última instancia. Sólo puedo prometer que haré lo posible para darte al menos una pista. Y la terapia, la recomendaría, aunque no te devolvamos esos recuerdos.
Black asiente más como agradeciendo la oferta que como accediendo a ella. Termina su café sin decir nada más. Se levanta y le da su tarjeta a Dorothea Castelo.
—Aquí está mi información. Para que me comunique cualquier cosa. Quiero dejar de perseguir a un fantasma que desconozco. Necesito comprobar si soy… como él.
Dice Black, mirándose en sus ojos evasivos la duda sobre si eso es algo bueno o malo al final. Sólo buscaba un cierre.
Dorothea se queda en silencio, mientras Ricardo sale de la cafetería en silencio. No era la primera vez que tenía que lidiar con irregularidades y repercusiones de acciones que iban contra los reglamentos de la agencia realizadas por administraciones anteriores en la región. Y probablemente, tampoco sería la última. Al menos esta podría tener un final si no feliz, uno que de paz.