Reto De Escritura 3: Escalados Inversos

Para quienes estén leyendo esto: dejen en la discusión de la página su opinión y votos. Por ejemplo:

Alchile Llamas tu relato me parecio feo no, lo siguiente. -1 al tuyo.

No me andaré con tantas formalidades porque vamos, esto es un reto, no un concurso. Sé que el 80% de los participantes tuvieron pedos para hacer algo con las canciones que les tocaron, y hubo muchos que ni entregaron por X o Y motivo. Cosillas que pasan. A continuación dejaré todos los relatos en formato de pestañas para su fácil acceso. Feliz lectura, y buena suerte.

Ah, y una cosa más para los participantes: Dejen la explicación/interpretación de su escrito también en la discusión. Es obligatorio para todos los que enviaron su relato el explicar qué parte de la canción que les tocó les inspiró para escribir y por qué.

La Ciudad Que Se Negó A Morir

Este es el registro parcial de mis hallazgos. No garantizo coherencia. No garantizo cordura. Lo único que garantizo, es que esto es un OTS que aún no hemos documentado.

Hay ruinas que perecen en silencio, y hay otras que murmuran en el olvido. Pero, aquella ciudad no murmuraba, respiraba.

No recuerdo con claridad cómo llegué allí. Las coordenadas eran contradictorias, y el terreno, a pesar de estar cartografiado, no coincidía con mapa alguno. El aire sabía a óxido y polvo, como si los siglos se hubieran coagulado en las rocas.

No tenía nombre en los registros. No tenía caminos ni señales. Sólo un eco. Solo una sensación extraña, una canción olvidada.

Cuando crucé lo que parecían ser los restos de una antigua puerta monumental supe que algo me observaba. No con ojos, sino con la memoria, los dos enormes pilares se sentían como dos enormes guardias, custodiando con sus grandes escudos la entrada a la ciudad. El arco central estaba en el piso, con la marca de lo que parecía ser una enorme palma habiendo arrancado un enorme trozo.


Hoy la niebla cubrió el sol antes del medio día, cada vez estaba más perdido. Desde fuera parecía que el lugar no tenía más de una o dos hectáreas de extensión, pero podía jugar que llevaba al menos 2 meses caminando desde que pasé por los arcos, hasta que por fin llegué.

Una enorme ciudad imponente, que parecía sacada de los antiguos relatos legendarios, de aquellos tiempos cuando los dioses caminaban entre nosotros y vivían y reian, cantaban y lloraban.

Todo se había reducido a una ciudad sin habitantes, o eso era lo que creía en ese momento. A la entrada de la ciudad, ví una torre de vigilancia que parecía mantenerse en pie de forma más segura que el resto, así que decidí ponerme manos a la obra y explorar.

Caminando por las escaleras interminables de la torre, al fin llegue al punto más alto, dónde encontré una inscripción semi borrada, escrita en una lengua que sólo recordé mientras la leía:

"Nosotros no huimos. Nosotros no rogamos. Nosotros no moriremos."

Un escalofrío me recorrió al pronunciarlo en voz alta. Las piedras vibraron de forma tirmica. Sí, literalmente vibraron bajo mis pies, pude sentir que estaban vibrando de forma coordinada con mi corazón. Aún no lo entiendo.

Continué adentrándome en el núcleo de la ciudad. Los edificios tienen formas imposibles. Algunos parecen crecer hacia adentro. Otros tienen respiraderos por los que sale un vapor fétido, un olor que ni siquiera un ritual taumaturgico puede purificar

Intenté establecer contacto radial con la base. Silencio. La señal se distorsiona como si fuese absorbida, pero en lugar de silencio, cada que prendo la radio, escucho cosas. El lamento de un niño, la risa de un anciano, una mujer hablando en un lenguaje desconocido y un hombre gritando. Hay voces, tantas voces.

No sé si debería seguir escribiendo. Este cuaderno pesa más de lo que debería, palabras fuertes para alguien con el síndrome de gilgamesh.


Hoy tuve una visión al tocar una grieta en el zócalo de una cúpula. Ni yo mismo sé porque la toqué, me estaba llamando, no pude simplemente mantenerme alejado.

Sangre y canto.
Una plaza llena de figuras arrodilladas, ojos blancos, bocas abiertas. Un anciano recita nombres que no pertenecen al lenguaje humano. Detrás de él, una niña extiende la mano hacia una columna y desaparece, absorbida. No muere: se transforma.
La piedra palpita.
Los demás la imitan. Uno a uno. Sin dolor.
Solo fe.
Solo desesperación.

"No hay dioses que nos escuchen. Así que seremos los nuestros.”

La visión terminó con un sonido hueco, como si un antiguo corazón estuviese reanudando su marcha.


La ciudad está viva, pero no como un ser individual. Es un pacto cristalizado, un juramento fusionado con arquitectura de alguna civilización olvidada.

Hoy descendí por una escalera cubierta por líquenes bioluminiscentes, que se iban encendiendo mientras avanzaba, siento que me están guiando. No hay antorchas ni circuitos, solo una estructura que parece viva, puedo sentir su respiración.

En lo más profundo de la cámara, me encontré una pared que parecía ser de obsidiana pero liquida, y al tocarla tuve una visión brutalmente vivida.


Una multitud se congrega bajo un cielo desgarrado. El sol está ocultándose, y una figura encapuchada que parecía estar oscilando entre lo corpóreo y lo incorporo camina entre ellos con una vara compuesta por huesos y carne.

Las campanas de la ciudad suenan solas, ya no hay más gente ahí.

“Se nos ha dicho que moriremos por el capricho de un Dios. Los Dioses olvidan. Nosotros no.”

La figura encapuchaba levanta las manos y los habitantes marcan sus frentes con una mezcla de tierra y savia. Todos miran hacia el templo en ruinas y comienzan a cantar. No palabras, sino sonidos similares a los de instrumentos musicales. La ciudad responde, las piedras tiemblan y se abre una gran fisura en la tierra.

Observo cómo las personas empiezan a lanzarse hacia el abismo, mientras siguen cantando. La figura encapuchada simplemente empieza a desvanecerse.


Encontré una inscripción en un idioma desconocido que anoté apresuradamente en el diario, alguien del Edén me hizo el favor de traducirlo:

"Nos convertimos en muros. Nos volvimos almena. Aquello que debía destruirnos, encontró cimientos que no cedieron."

El suelo aquí late, literalmente. Al apoyar mi oído contra el suelo, he podido escuchar lo que parecía ser una respiracion subterránea. No mecánica, orgánica. Sentí una ráfaga de emociones ajenas: alegría, esperanza, soledad, miedo. Mucho, mucho miedo…

Encontré un mural ennegrecido por el paso de los siglos, algo no muy lógico en este sitio que parece estar conservado en medio del tiempo. Era la misteriosa figura encapuchada, pero se veía con una corona dorada, la pequeña vara que tenía en sus manos ahora era un gran cetro y parecía estar combatiendo contra algo… Algo más allá de mi comprensión, algo que no puedo recordar, el mero hecho de tratar de comprenderlo hace que me duela la cabeza, ¿Eso era la representación fidedigna de una deidad acaso?


No estoy solo.

Oigo pasos cuando no los doy, puedo escuchar personas gimiendo y llorando. El viento trae risas, a veces palabras en un idioma que no puedo comprender.

Hoy, escuché una voz que susurró en mi oído

— Erland Rasmus… Aún quedan nombres sin recordar.

¿Quién lo dijo? ¿Quién podría recordar mi nombre en una ciudad muerta?

No lo sé, pero trataré de ir al centro de la ciudad. Quiero saber porqué se negaron a morir, porque fueron en contra de los dioses.


He llegado

Atravesé corredores que susurraban en plegarias de piedra, camine por pasillos que se reordenaban según mis intenciones, es entonces que pronuncié un nombre que no recordaba haber sabido, y que quizá nunca volvería a recordar

Una puerta que no sabía que estaba allí, se abrió.

El corazón.

Una cúpula invertida en un abismo sin fondo, que parecía estar hecha por cientos… No, miles, miles de figuras humanas, cuerpos metafísicos cristalizados en espirales arquitectónicos imposibles entretejidos como nervios con una única voluntad.

Y en medio de esa cúpula invertida, ahí se encontraba la figura encapuchada.

Mientras me acercaba para ver más de cerca la cúpula, tuve una última visión.


Un ser celestial descendió de los cielos, un Dios menor al que antaño la ciudad rindió culto. Otrora su protector y benefactor, ahora se presentaba para consumirlo todo.

Su voz estaba compuesta por una miriada de idiomas olvidados hacia milenios, cada palabra que mencionaba partia montañas.

La ciudad no tembló.

Desde las murallas, las casas gritaron, y los palacios escupían fuego. La puerta de la ciudad fue destruida por un impacto, pero la mano del Dios fue rasgada por los pilares a su alrededor.

Desde el monumento viviente que ahora era el corazón de la ciudad, surgieron cientos de avatares, fragmentos de quienes se habían entregado ahora eran custodios con un propósito eterno grabado en sus almas.

El Dios menor extendió su juicio, pero la ciudad no murió, selló su núcleo con todos dentro. "Preferimos fundirnos a rendirnos" dijo una voz colectiva.

Y entonces el Dios murió.

Incluso los dioses mueren.

Pero la ciudad no.


Inscripción en el zócalo del monumento central, traducido con la ayuda del mismo edeniano:

vaina_de_llamas

Aquí no yacen los muertos. Aquí caminan los abandonados.
Aquí se alzaron los que decidieron no caer.
Somos muralla, somos pueblo. Somos el pacto. Somos la negación.
Tú que llegas, recuerda: lo eterno no es lo que vive. Es lo que resiste.


No pude llevarme nada. Lo que está en la ciudad, es de la ciudad. Ni siquiera los nombres he podido recordar.

Lo que está escrito es lo que se ha grabado en mis huesos, esa amalmagama infame de cuerpos metafísicos no deja escapar nada.

No todo lo que se niega a morir lo hace por miedo, a veces lo hace por amor.

A veces, una ciudad perdura eternamente. Y cantan con ladrillos y carne "si muero en este mundo, ¿Quién sabrá algo de mí?

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